Las veces que siento el suelo son subnormales, el viento trata de interponerse entre nosotros dos, como lo hace con las demás. Las brisas se hacen calidas y el desespero no deja de crecer cada vez más, el daño más sutil jamás hecho. La paz que encontré jamás volverá a renacer de esa manera. La despedida es difícil, sin quejas y sin llanto jamás, pero un nuevo paso alienta el aliento de respirar y matar el oxígeno logrando ganar, lo único que no podría matar, serian esos latidos, esos que no conoce cuando hacen choque junto a él.
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