miércoles, 14 de agosto de 2013

Ella, ellas y la soledad.

Sí, quizás en la mañana me tome un café conmigo misma, de esos amargos que no me gustan, de esos calientes que tanto evito, de ese que pinto en mis historias siempre frio. Tanto quisiera escapar, escapar de estas realidades que yo misma creo, huir, huir con mi soledad y luego abandonarla en el camino así estaremos ella y yo, la del café amargo y caliente, la del café dulce y frío, allí mirándonos frente a frente junto a esa ventana que pinta un paisaje oscuro, ese que no es un vacío, ese que da un reflejo, ese donde ya somos 4 y la soledad, la soledad nos ha alcanzado, nos ha alcanzado de nuevo.

Y luego seguimos, seguimos hasta morirnos.

Solas, entre todas decidimos estar solas, eso queríamos, eso hacíamos, eso no podíamos. Yo no la podía evitar a ella, ella no me podía evitar a mí y que hay de las otras dos, sí, las del vidrio, que pasará cuando me mire al espejo, seremos 5… y si… ¿Si acaso aparecen más?