Sí, quizás en la mañana me tome un café conmigo misma, de
esos amargos que no me gustan, de esos calientes que tanto evito, de ese que
pinto en mis historias siempre frio. Tanto quisiera escapar, escapar de estas
realidades que yo misma creo, huir, huir con mi soledad y luego abandonarla en
el camino así estaremos ella y yo, la del café amargo y caliente, la del café
dulce y frío, allí mirándonos frente a frente junto a esa ventana que pinta un
paisaje oscuro, ese que no es un vacío, ese que da un reflejo, ese donde ya
somos 4 y la soledad, la soledad nos ha alcanzado, nos ha alcanzado de nuevo.
Y luego seguimos, seguimos hasta morirnos.
Solas, entre todas decidimos estar solas, eso queríamos, eso
hacíamos, eso no podíamos. Yo no la podía evitar a ella, ella no me podía
evitar a mí y que hay de las otras dos, sí, las del vidrio, que pasará cuando
me mire al espejo, seremos 5… y si… ¿Si acaso aparecen más?
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