Entre sollozos ella secó sus lágrimas, cogió un pañuelo y lo quemó. Mientras el fuego recorría todo el objeto, ella veía como él moría mientras su boca fingía una pequeña sonrisa; pero si mirábamos sus ojos, se veía totalmente alterada, nunca había visto tanto odio en ellos.
Ha pasado ya mucho tiempo y el pañuelo sigue tirado en el suelo, la leche derramada en la mesa y la flor secándose lentamente mientras transcurre el tiempo. Ella solo está ahí observando el cielo, observando cómo pasan las nubes deseando ser una nube, mirando cómo pasa de ser brillante a ser oscuro, mirando las luces parpadeantes que no se ven con constancia, extrañando a la luna que se encuentra cada vez más lejos.
Ya estaría muerta, no sé de qué se alimenta, creo que su ira lo hace. Ella sigue ahí mirando al cielo, poco se ha movido, solo se levanta para bañarse y para arreglarse, todos los días se cambia de vestido; no entiendo su absurda obsesión de parecer una muñeca, si ya lo parece.
Desde hace mucho no llora, llorar no cambia a las personas y menos a ella, diría que es una princesa caprichosa, que dejó de llorar hace mucho y dejó de esperar porque se quedó esperando.
Se veía muy frágil allí sentada, al mismo tiempo daba miedo, no sabía cómo iba a reaccionar si me inmutaba a tocarla, pero simplemente se veía hermosa parecía una flor que nunca se marchitaría, o que ya estaba marchita, era imposible darse cuenta de ello.
Creo que hace mucho ella dejó de sentir, se cansó de la cobardía y se cansó de muchas cosas. Ahora el mundo gira en torno a ella, pero él no se ha dado cuenta, la luna se aleja cada vez más y el sol la enceguece siempre al amanecer, aunque para ella es un placer.
Solo sé que un día se levantará de allí, se arreglará y saldrá quizás a tomar un té.
Sonreirá pero no de felicidad, solo de satisfacción al ver todo decaer.
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